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lunes, 10 de diciembre de 2012

Postales desde la tumba, de Emir Suljagic

Postales desde la tumba, de Emir Suljagic:
Srebrenica, 2010
Fotografía: Juniki San - Fuente

Una mujer de edad indescifrable, con el pelo tapado por un pañuelo, abre sus brazos desesperadamente. Parece que quiere aferrarse a algo que le pueda llevar lejos de allí, de su particular pesadilla y la de tantos otros que en esos momentos se encuentran fuera de cámara. A su lado, un joven “casco azul” quiere desviar la mirada tratando de escapar de agonizante grito de auxilio de aquella mujer cuyo rostro, crispado y desfigurado, sólo presagia la desesperanza de lo irremediable. En principio la fotografía, de Ron Haviv, está documentada como una instantánea tomada en Srebrenica en un caluroso verano de 1995. Realmente, no sé si esa imagen se corresponde exactamente con lo ocurrido en aquella pequeña ciudad bosnia ese trágico verano. De hecho, podía ser un dato insignificante: una refugiada, una víctima más, un sujeto de indiferencia dejado a su suerte, más bien a su mala suerte. Es una historia excesivamente repetida. Y más en aquel pequeño país.



Memorial de Srebrenica - Potocari
Fotografía: Maurits90 - Fuente
¿Qué estaba haciendo el 11 de julio de 1995? Por el momento sólo he conseguido enredar aún más la madeja y enterarme que durante 1995 el diario El Mundo resolvía feroz ofensiva contra un moribundo Gobierno socialista que agonizaba a base de escándalos aireados con satisfacción por la prensa; también que las carreteras arrojaron un saldo estremecedor de víctimas por los accidentes de dos autobuses, uno de ellos en Francia, que engrosaban las cifras de muertos en las carreteras, ya abultadas de por sí en aquellos años.

Después de haber sido incapaz de leer alguna noticia que refrescase mi memoria, me detuve en algunas crónicas de ese día relativas a lo que estaba ocurriendo en Srebrenica recogidas por los corresponsales que cubrían la matanza desde Liubliana (ABC) y desde Viena (La Vanguardia). Según el ABC, que acompañaba la información con un animado gráfico donde se detallaba el material “confiscado” por los serbo – bosnios a las tropas de la ONU, la ofensiva serbia habría causado “estragos entre los civiles de la villa de Srebrenica”. Lo más impactante era el anuncio de las represalias aéreas por parte de la OTAN si se atacaba al contingente holandés de “cascos azulejos”.

Tumba en Srebrenica
Fotografía: Adam Jones - Fuente
Por su parte, el rotativo catalán, después de un detallado parte de guerra, insiste en la inoperancia de las fuerzas internacionales para tratar de detener la más que previsible masacre. En sus últimas notas hace un detallado recuento demográfico de una ciudad saturada por miles de refugiados, un enclave de cuatro mil habitantes ahora ocupados por veintiséis mil personas, hombres, mujeres y niños, que han llegado de toda la región huyendo del avance serbio. Es como si el corresponsal nos ofreciese ya las horrorosas cifras de la hecatombe que estaba por llegar, tratando de aportar una cruel estadística del potencial drama que la comunidad internacional ignoraba.

Ahora, con la perspectiva del tiempo, sé que ese día comenzó el genocidio de Srebrenica. Ahora, he leído y releído historias sobre lo que sucedió en aquella pequeña ciudad dejada de la mano de Dios, más bien de Alá. Sé que los “cascos azules holandeses”, a los que la comunidad internacional había confiado la defensa del “enclave seguro” decidieron brindar en bandeja la ciudad a un general serbio, Mladic, que paseaba triunfante su semblante entre las harapientas filas de refugiados, acobardados y vencidos física, espiritual y moralmente. He podido conocer que miles de personas fueron entregadas y vendidas a causa de la cobardía y el miedo de aquellos que debían protegerles.

Postales desde la tumba, Emir Suljagic
Galaxia Gutenberg - Fuente
Después de consultar información y leer y releer titulares… todavía no sé qué estaba haciendo ese día de julio de 1995. Después de cerrar Postales desde la tumba, después de leer cada una de las páginas con el asombro y la desesperación ante lo que ocurrió, mi 11 de julio de 1995 se perderá en el olvido, al igual que ocurrió con muchos de aquellos nombres y sus vidas enterrados en Srebrenica. No puedo contestar, y esa es mi gran culpa,  a la pregunta que todos deberíamos ser capaces de responder y que con afilada intención nos lanza Emir Suljagic: ¿Dónde estaba el 11 de julio de 1995?

Luis Pérez Armiño

jueves, 15 de noviembre de 2012

La Plaza de España en Mostar

La Plaza de España en Mostar:
Placa en recuerdo de los soldados españoles caídos en Bosnia
en la Plaza de España, Mostar
Fotografía: Luis Pérez Armiño
El 3 de abril de 2012 don Juan Carlos I, inauguraba de forma oficial la rehabilitada Plaza de España de Mostar (ABC, 3 de abril de 2012). Tras una inversión que ronda el medio millón de euros, la bandera española ondea en este significativo punto de la capital de Herzegovina acompañando a un pequeño monolito en el que lucen los nombres de los veintidós soldados españoles y el traductor croata que murieron durante la operación de paz que, bajo el auspicio primero de la ONU y después de la OTAN, se desarrolló en Bosnia a raíz de la guerra civil que sufrió el país desde 1992 a 1995. El alcalde de Mostar, Ljubo Beslic, agradeció el sacrificio “desinteresado” de las tropas españolas para garantizar la paz en Bosnia y aseguraba que la Plaza seguiría siendo el lugar de encuentro de todos los ciudadanos de Mostar (El Mundo, 29 de marzo de 2012). Sin embargo, no deja de ser significativo que en los alrededores de la Plaza, veinte años después del supuesto fin de la guerra, las cicatrices del conflicto todavía sigan profundamente enraizadas en la ciudad.



Cascos azules españoles en Mostar
Fotografía: Ministerio de Defensa de España
La Plaza de España, antigua Plaza Hit, se encuentra al final del Bulevar que durante la guerra sirvió de línea divisoria de la ciudad y de frente bélico. Al oeste, la zona croata y católica, y al este, la musulmana, la que sufrió con mayor intensidad el azote de la artillería croata. Esa arteria principal de la ciudad guarda con insistencia las horrendas marcas de una guerra finalizada sobre el papel hace veinte años. Y todavía señala ese límite imaginario que divide de forma efectiva a las dos comunidades que se enzarzaron en la cruel sangría que redujo a escombros Mostar. Al final de ese Bulevar se levantaba la Plaza Hit. Allí, los soldados españoles levantaron unas tiendas de campaña para promover, bajo su protección, el encuentro entre las dos poblaciones separadas por la guerra. El 12 de octubre de 1995 bosnios y croatas decidieron el cambio de nombre de la plaza para rendir homenaje a las fuerzas españolas.

Arriado de la bandera española en Plaza de España, Mostar
Fotografía: Ministerio de Defensa de España
Las palabras de sentido homenaje del alcalde de Mostar contrastan con las graves acusaciones que lanzaba el corregidor musulmán de Mostar en el año 1994, en pleno conflicto. Francesc Relea (El País, 25 de febrero de 1994) recogía las denuncias de la población contra la ineptitud de las tropas españolas destinadas en la zona. El entonces alcalde, Smail Klaric, acusaba al ejército español de convertirse en mero espectador de las matanzas ocurridas en la ciudad. Incluso, afirmaba que los soldados habían contribuido al saqueo de los museos de Mostar al adquirir obras de arte y antigüedades robadas a cambio de cantidades insignificantes de dinero o de tabaco. Pero la actitud española no era más que fiel reflejo de la respuesta internacional ante el conflicto bosnio. Hermann Tertsch (El País, 21 de junio de 1992) describía gráficamente el papel de la ONU. Informaba que los bosnios se referían a las fuerzas de la UNPROFOR como la “Unpriskofor”; “prisko” significaría algo así como “chapuza”.

Fotografía: Luis Pérez Armiño
Las acusaciones, desmentidas por el Ministerio de Defensa en su momento, se suman a las duras críticas vertidas por Xabier Agirre, autor de Yugoslavia y los ejércitos. La legitimidad militar en tiempos de genocidio, que aporta numerosos datos que corroborarían la inoperante actitud del ejército español, convertido en mero espectador más preocupado por la protección personal de los soldados que por la de los ciudadanos indefensos. Como dato significativo, en mayo de 1993, ante la inminencia de una ofensiva croata sobre Mostar, las tropas españolas abandonaron la ciudad sin, ni siquiera, dar aviso de la ofensiva a las autoridades musulmanas para preservar, en la medida de lo posible, a la población civil.

Bosnia ha supuesto una de las misiones internacionales más largas del ejército español: dieciocho años de presencia en el país y la participación de más de 46.000 efectivos. La intervención no era más que la decidida apuesta de la participación en misiones internacionales de paz como uno de los pilares básicos de la política exterior de España. Sin embargo, y a pesar de la mucha hagiografía oficial que alaba la actuación española en Mostar, son muchas las sombras que denuncian la conveniencia política de esta misión, ajena a los verdaderos intereses humanitarios que deberían haberla motivado. En Mostar todavía ondea la bandera española en la antigua Plaza Hit, sin embargo, la población ve un futuro más sombrío que el ejército español no ayudó nunca a despejar.

Luis Pérez Armiño

Cascos azules. Luces y sombras de las misiones de paz de la ONU

Cascos azules. Luces y sombras de las misiones de paz de la ONU:
Cascos azules en Haití, 2012
Fotografía: US Navy - Fuente
Con más de sesenta años de historia a su espalda, las operaciones de mantenimiento de paz de las Naciones Unidas(ONU) se han convertido en un clásico dentro del marco de las relaciones internacionales contemporáneas. Nacidas al amparo de la Guerra Fría, la actuación de los llamados cascos azules se ha teñido de luces y sombras. Sería fácil enumerar los fracasos de la ONU; igual de sencillo que componer las alabanzas de sus logros. No sería justo tratar de englobar dentro de un mismo apartado los errores y los aciertos de una organización mastodóntica e hiper – burocratizada en la que confluyen los más altos valores morales que impregnaron la fundación de la ONU con los intereses particulares y partidistas más bajos y terrenales.



Fuerzas de paz en el Sinaí, 1974
Fotografía: UN/Y. Nagata - Fuente
Durante el año 2011, la ONUha reportado la muerte de 112 efectivos en servicio en alguna de las diecisiete operaciones de mantenimiento de paz actuales. Bajo la bandera de la ONU hay desplegados más de 120.000 efectivos entre personal militar, policial y civil. La primera misión, del año 1948, interpuso una fuerza de vigilancia de la paz entre Israel y los países árabes. Nacía uno de los conflictos más prolongados en nuestra historia actual con pocas miras de resolución ya en el siglo XXI. El objetivo de toda misión de paz es evidente: no ser necesaria. Un rápido vistazo a la prensa internacional puede aportar multitud de datos sobre el fracaso de tan loable fin. El fin de la Guerra Fría no sólo ha significado el incremento considerable de los conflictos regionales, tanto en cantidad como en crueldad. Otros muchos conflictos heredados todavía siguen latentes exigiendo la intervención de los cascos azules, como el caso Palestino o el de Cachemira.

Se puede prever, por tanto, que las operaciones de mantenimiento de paz de la ONU tienen un futuro asegurado.

Tropas noruegas en Sarajevo, 1995
Fotografía: Paalso - Fuente
En este contexto, luces imaginadas y sombras reales. Las operaciones de mantenimiento de paz han servido en muchas ocasiones para convertirse en la demostración más palpable de la ineptitud e inoperancia de la ONU. Casos especialmente dramáticos como el de Ruanda (1994) o el de Srebrenica(1992) ilustraron la impotencia de las misiones de paz en determinados contextos, especialmente en aquellos en que las partes enfrentadas deciden emplear métodos y estrategias no asumidas por la legislación internacional. Se inauguraba un contexto de ataque generalizado a este tipo de operaciones de la ONU. Las misiones de paz empezaron a ser consideradas, por determinados sectores, como el pretexto de intereses ocultos de grandes potencias y poderes políticos, militares y financieros bajo la bandera de la paz y la seguridad internacional. Prácticamente se acusaba a los cascos azules de constituir la necesaria fuerza militar para asegurar un orden neocolonial en los países que habían accedido a una independencia más nominal que real.

Cascos azules en la RD. Congo
Fotografía: Julian Harneis - Fuente
Las últimas acusaciones llegaban desde Haití en 2007, donde las fuerzas de los cascos azules llegaron a ser acusadas de propagar una epidemia de cólera y se imputaron a varios de sus miembros casos de violaciones y abusos sexuales en los que estaban implicados, incluso, menores.

Todos estos factores han decidido el necesario replanteamientode las operaciones de mantenimiento de paz de acuerdo al nuevo contexto internacional, ajustando su operatividad, estrategias y necesidades a las nuevas circunstancias globales. Humano, demasiado humano. Efectivamente, es difícil eliminar vicios y licencias perniciosas. Sin embargo, el obligado replanteamiento de su naturaleza, de sus objetivos, de su razón de ser y la adopción de nuevas estrategias pueden convertirse en el mejor homenaje a los casi tres mil muertos en operaciones de paz.

Luis Pérez Armiño